Review: The dead rise and raise questions in “Breaking Water” / Reseña: Los muertos reviven y suscitan preguntas en “Breaking Water”

As regular readers know, I am a raging Indophile. and nothing makes me happier than reading good fiction from the subcontinent, which is what I found in “Breaking Water” by Indrapramit Das. Although probably best categorized as horror, the story is more fascinating than horrifying as it questions aspects of that most critical boundary–the one between life and death.

marigold3Readers enter the story when Krishna, a poor man bathing in the Hooghly river, finds a corpse. In the first lovely sentences we are hauled up close to the sacred and the profane.

“A face beneath sun-speckled ripples—to his eyes a drowned idol, paint flaking away and clay flesh dissolving. But it was nothing so sacred as a discarded goddess. The surface broke to reveal skin that was not painted on, long soggy hair that had caught the detritus of the river like a fisherman’s net.”

A priest suggests to Krishna that he might have some responsibility to care for the corpse, but Krishna ultimately leaves the corpse behind like so much trash on the side of the river. The corpse rises and starts following Krishna’s footprints in the mud. Others, and this is entirely believable if you have ever visited a river in India, ignore the woman or silently berate her for shamelessly wandering about the ghat naked.

The next day, however, it is clear that Kolkata is ground zero for the reanimation of thousands of corpses. People in the city don’t panic as much as they curse the additional traffic or go to watch the police trying to hold the dead at bay with lathis and firecrackers. Krishna decides he has to find the woman he abandoned–already the priest’s earlier suggestion that he should care for the dead woman mixes with his realization that the living dead are all people who were not cremated as required by Hindu religious practices.

Some were only days old, looking almost alive but for their slack faces like melting clay masks, their lethal wounds and bruises, their paled and discoloured skin, their jellied eyes and the sometimes lovely frills of clinging white crustaceans in their hair, the tiny flickers of fish leaping from their muddy mouths. Others were black and blue, bloated into terrifying caricatures of their living counterparts, who watched in droves from behind the lines of fearful policemen at the top of the ghat steps. Fresh or old, all these dead men and women wading back to the world were united by the ignominy of their ends, un-cremated and tossed into the tea-brown waters of the Hooghly to be forgotten. Most, Krishna noticed, were women.

When he finds her, he is convinced that the living dead, and particularly she, are victims of injustice. He believes the event is a miracle, and he willingly receives the woman’s bite.

In the second part of the story–and it is broken into parts named for points in a lifespan and the afterlife–readers are following the perspective of a new character, a journalist who is checking out the weird guy, Guru Yama (Teacher of Death) who has claimed one of the living dead is his wife. We see the journalist trying to make sense and a news story out of the scene at a temple where this injured man on an IV drip is caring for a creature eating the entrails of a goat. Krishna tells the journalist that his wife is just like her and thanks the temple authorities for respecting his marriage to this bloated, darkening and fearsome creature who largely resembles the goddess of death. Regularly bitten by the living dead he cares for and existing in a state between the living and living dead, Krishna, too, might be a god.

The remaining parts of the story are all from the journalist’s perspective, but Krishna and the dead woman’s mother play large parts as the tale explores how the living and the living dead, who cannot speak to each other, will accommodate and adjust. The living are pushed into the role of distant observers like the journalist unless they choose to take responsibility like Krishna.

“Breaking Water” is no zombie apocalypse, but a tale of rebirth. His unique take on the relationship between the living and the dead, which is a theme appearing in both of the other short stories that I’ve read by him–“Psychopomp” and “muo-ka’s Child“–makes Das an author to watch. He also has a new novel out, The Devourers, which is available only in India at this time.

EspanolMis lectores habituales saben que me encanta la India y su cultura. Nada me hace más feliz que leer buena ficción del subcontinente, y eso es lo que es lo que encontré en “Breaking Water” de Indrapramit Das. Aunque probablemente sea clasificado como de horror, la historia es más fascinante que escalofriante, ya que cuestiona aspectos de esa frontera tan importante: la que existe entre la vida y la muerte.

El lector entra en la historia cuando Krishna, un hombre pobre que está bañándose en el río Hooghly, encuentra un cadáver. Las primeras magnificas frases nos ponen cara a cara con lo sagrado y lo profano.

“Un rostro detrás de ondas coloreadas por el sol – a sus ojos un ídolo ahogado, escamas de pintura cayendo en pedazos y carne de arcilla disolviéndose. Pero no era nada tan sagrado como una diosa descartada. La superficie se rompió para revelar que la piel no estaba pintada, el cabello largo y mojado había recogido los desechos del río como una red de pesca.”

Un cura le dice a Krishna que tal vez tiene la responsabilidad de hacerse cargo del cadáver, pero eventualmente Krishna deja el cadáver al lado del río, como todo el resto de la basura. El cadáver revive y empieza a seguir las huellas de Krishna en el barro. Otras personas, y esto es completamente creíble si alguna vez has visitado un río en la India, ignoran a la mujer o la juzgan en silencio por vagar desnuda y sin pudor por el ghat.

Al día siguiente, sin embargo, queda claro que Kolkata es el punto inicial de reanimación de miles de cadáveres. La gente de la ciudad no entra en pánico tanto como maldicen el tráfico adicional o como van a ver a la policía tratando de mantener a los muertos en la bahía con lathis y petardos. Krishna decide que tiene que encontrar a la mujer que abandonó. La sugerencia del cura que debería haber cuidado del cadáver de la mujer se mezcla con la comprensión que los muertos vivientes son todas las personas que no fueron cremadas, como lo es requerido por las prácticas religiosas hindúes.

Algunos eran de tan sólo unos días, casi parecían vivos, excepto por sus rostros flácidos como máscaras de arcilla derretida, sus heridas letales y sus morados, sus pieles pálidas y descoloridas, sus ojos gelatinosos y, a veces, los preciosos adornos de crustáceos blancos aferrándose a sus cabellos, los diminutos destellos de peces saltando en sus bocas embarradas. Otros eran negros y azules, hinchados hasta ser caricaturas terroríficas de sus semejantes vivientes, los que miraban en tropel desde detrás de las líneas de policías temerosos en la parte superior de los pasos del ghat. Frescos o viejos, todos estos hombres y mujeres muertos que vadeaban de nuevo al mundo estaban unidos por la ignominia de sus muertes, sin cremación y habiendo sido arrojados a las aguas marrones como té del Hooghly para ser olvidados. Krishna notó que la mayoría eran mujeres.

Cuando la encuentra, está convencido de que los muertos vivientes, y ella en particular, son víctimas de la injusticia. Él cree que el evento es un milagro, y de buena gana recibe la mordedura de la mujer.

En la segunda parte de la historia – el cuento está dividido en partes nombradas según momentos en una vida y el más allá – el lector sigue la perspectiva de un nuevo personaje, una periodista que está investigando a un hombre raro, Guru Yama (Maestro de la Muerte) que ha tomado a uno de los muertos vivientes como esposa. Vemos a la periodista tratando de encontrar algún sentido y una noticia, fuera de escena, en un templo donde este hombre herido y con un goteo endovenoso está cuidado a una criatura que come las entrañas de una cabra. Krishna le dice a la periodista que su mujer es igual a ella y agradece a las autoridades del templo por respetar su matrimonio con esta criatura hinchada, y temible que se está oscureciendo y que se asemeja en gran medida a la diosa de la muerte. Siendo regularmente mordido por los muertos vivientes que cuida y existiendo en un estado entre los vivos y muertos vivientes, Krishna, también, podría ser un dios.

Las partes restantes de la historia son todas desde la perspectiva de la periodista, pero Krishna y la madre de la mujer muerta tienen roles importantes en el cuento cuando se explora cómo los vivos y los muertos vivientes, que no pueden hablar entre ellos, se acomodarán y se adaptarán. Los vivos son forzados a tomar el papel de observadores distantes, como la periodista, a menos que decidan asumir la responsabilidad, como Krishna.

“Breaking Water” no es un apocalipsis zombie, sino una historia de renacimiento. Su visión única sobre la relación entre los vivos y los muertos, un tema que aparece en ambos de los otros cuentos que he leído escritos por él­ –”Psychopomp” y “muo-ka’s Child“– hace de Das un autor a tener en cuenta. También tiene una nueva novela, Los Devoradores, que está disponible sólo en la India en este momento.

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