Exploring violence in The Fifth Season / La exploración de la violencia en The Fifth Season

FifthSeason61Spanish translation below the English is by Daniela Toulemonde.

There’s at least a half dozen reasons to encourage you to read The Fifth Season by N.K. Jemisin, but this post is not a review because, well, I’m about a year late, and there are already great discussions about it here and here. Also, if you’ve read the novel, see Jemisin’s post on it here. This is just a meandering and exploratory post on one aspect of the novel that made me think. It’s the issue of violence.

Everything in this novel creaks and snaps with violence. On the geological front, the earth in The Fifth Season is always erupting, ripping, collapsing, swallowing itself. “Father” earth is not friendly but is interpreted as destructive, unreliable and even evil because the planet goes through repeated cataclysms, known as the fifth season, that crush civilization over and over again.

On a socio-political level, Jemisin’s portrayal of oppression of the orogenes is illustrated in the society at large through depictions of discrimination in the ruling institutions, the elites, and among the common people whose fraught existence in this ever-changing world does not predispose them to kindness toward anything unpredictable, and the orogenes are all that. The novel is full of people of various ethnicities but the orogenes are found across all groups, making this an interesting depiction of oppression that is not confined to the racial framing we generally see. The physical diversity of the oppressed does nothing to diffuse the violence directed against them.

None of the personal violence is gratuitous. It represents the logical outcome of the power imbalances between people and among social groups. When the reader sees the girl Damaya have her hand broken by the man she must depend on for survival, it is described with physical detail and the emotional confusion appropriate for a child. When the orogene Syenite is paired with another powerful orogene for the purpose of reproduction, among other things, the anger and disgust the young woman feels is clearly portrayed. The indignity of Syenite’s position, however, is dwarfed by the violence the power structure has imposed on orogenes who are doing exactly what is required of them, watching and limiting geological disturbances. Those poor creatures are reduced to unconscious husks, and the realization that the game is rigged changes Syenite’s understanding of herself and her relationship with the other orogene. 

The third main character, Essun, is a middle-aged orogene woman who discovers her husband has killed one of their children and kidnapped the other. As she leaves her village in the beginning of the book, she kills a number of people, including one who tried to help her. Her child’s death was justification enough, but I was delighted when I realized (SPOILER AHEAD) that the other two female characters around whom the story revolves, are actually Essun at earlier stages in her life. When readers grasp that, Essun’s violence is perfectly understandable.

Good writers create the characters required to share a story’s truth. Because she is older, more experienced and, hopefully, wiser, Essun is the perfect protagonist for carrying the reader into this complex world.  She survives personal violence at every stage, and she represents the tenuous reality of humanity as it attempts to survive the violent, unstable nature of the planet. In this novel violence is always transformative, usually painful, and the grease behind every exchange of power. But violence is not stasis. It is not death, which is represented in this novel by the on-going effort to quell seismic disturbances and maintain a rotten, oppressive order.

The novel’s emphasis on the value of violence rocked my thinking because it is diametrically opposed to the philosophy of nonviolence, which I try to be mindful of in my daily life. I identified with the orogenes who have been brutally oppressed though they have the capacity to destroy the planet in their quest for liberty. But I also understood the necessity of harnessing the orogenes’ power to help maintain the planet’s stability–albeit the methods of the dominant people in the story are inexcusable. The more Jemisin’s idea of violence seemed justified in the context of the novel, the more it disturbed me.

As I tried to suppress my oppositional thinking of violence bad, nonviolence good, I wondered if the author was harkening back to Hindu philosophy that triangulates the importance of creation, preservation and destruction as states of being experienced by people and by the world at large. That notion gave some consolation to my conscience, and I could certainly see Damaya as the archetype for the creator, Syenite as the preserver and Essun as the destroyer, though all the characters are multifaceted.

Is that what you’re doing, Jemisin? Is Essun going to be the mother who preserves at least one of her children and brings her through the violence to a constructive future, or is she going to be compelled to repeat the cycle of violence and destroy the world in an effort to give life meaning?

Perhaps the planet and its inhabitants can strike some kind of better balance in the next book. I am eagerly awaiting the release of The Obelisk Gate.

EspanolHay por lo menos media docena de razones para recomendar el libro The Fifth Season de N. K. Jemisin, pero esta entrada no es una reseña porque, la verdad, estaría más o menos un año tarde, y ya hay muy buenas discusiones al respecto aquí y aquí. Además, si ya has leído la novela, lee la entrada de Jemisin al respecto, aquí. Esto es sólo una reflexión tentativa y exploratoria sobre un aspecto de la novela que me hizo pensar: el tema de la violencia.

Todo en esta novela cruje y se desborda con violencia. En el aspecto geológico, la tierra en The Fifth Season siempre está en erupción, rompiéndose, colapsándo, trgándose a sí misma. La tierra “padre” no es amable, pero se interpreta como destructiva, poco fiable e incluso malvada porque el planeta pasa por cataclismos repetitivos, conocidos como la quinta temporada (the Fifth Season), que aplastan la civilización una y otra vez.

En un nivel socio-político, la representación de Jemisin de la opresión de los orogenes se evidencia en la sociedad en general a través de muestras de discriminación por las instituciones dominantes, las élites, y entre la gente común, cuya tensa existencia en este mundo en constante cambio no la predispone a ser bondadosa hacia lo impredecible, y los orogenes son sin duda impredecibles. La novela está llena de personas de diversos orígenes étnicos, pero los orogenes se encuentran en todos los grupos, haciendo de ésta una representación interesante de la opresión que no se limita a la estructura racial que generalmente vemos. La diversidad física de los oprimidos no cambia en nada la violencia dirigida hacia ellos.

Nada de la violencia personal es gratuita. Representa el resultado lógico de los desequilibrios de poder entre las personas y entre los grupos sociales. Cuando el lector ve que el hombre de quien depende la supervivencia de Damaya le rompe la mano a esta chica, se describe con el detalle físico y la confusión emocional apropiados para una niña. Cuando la orogene Syenite es emparejada con otro poderoso orogene con el fin de que se reproduzcan, entre otras cosas, la rabia y el asco que siente la joven están claramente descritos. Sin embargo, la mísera posición de Syenite queda eclipsada por la violencia impuesta por la estructura de poder que obliga a los orogenes a hacer exactamente lo que se requiere de ellos: monitorear y limitar las perturbaciones geológicas. Esas pobres criaturas son reducidas a carcazas inconscientes, y la realización de la injusticia social modifica la percepción de Syenite de ella misma y de su relación con el otro orogene.

El tercer personaje principal, Essun, es una mujer orogene de mediana edad que descubre que su marido ha matado a uno de sus hijos y secuestrado al otro. Cuando ella deja su pueblo en el comienzo del libro mata a un número de personas, entre ellos uno que intentó ayudarla. La muerte de su hijo es justificación suficiente, pero me encantó cuando me di cuenta (SPOILER A CONTINUACIÓN) que los otros dos personajes femeninos importantes en la historia son en realidad Essun en las primeras etapas de su vida. Cuando los lectores comprenden esto, la violencia de Essun es perfectamente comprensible.

Los buenos escritores crean los personajes necesarios para transmitir la verdad de una historia. Siendo mayor, con más experiencia y, tal vez, más prudente, Essun es la protagonista perfecta para adentrar al lector en este complejo mundo. Ella sobrevive a la violencia personal en cada etapa, y representa la naturaleza fràgil de la humanidad en su intento de sobrevivir a la naturaleza violenta e inestable del planeta. En esta novela la violencia siempre es transformadora, suele ser dolorosa, y es el aceite detrás de cada cambio en el poder. Pero la violencia no es estática. No es la muerte, que se representa en esta novela por el esfuerzo constante para calmar los movimientos sísmicos y mantener un orden podrido y opresivo.

El énfasis de la novela en el valor de la violencia sacudió mi pensamiento porque es diametralmente opuesto a la filosofía de la no-violencia, que trato de aplicar conscientemente en mi vida diaria. Me identifiqué con los orogenes que han sido oprimidos brutalmente a pesar de tener la capacidad de destruir el planeta en su búsqueda de libertad. Pero también entendí la necesidad de aprovechar la energía de los orogenes para ayudar a mantener la estabilidad del planeta – aunque los métodos de las personas dominantes en la historia son inexcusables. Entre más parecía justificable la idea de Jemisin sobre la violencia en el contexto de la novela, más me perturbaba.

Traté de suprimir mi pensamiento de oposición según el cual la violencia está mal y la no-violencia está bien. Me pregunté si la autora estaba haciendo referencia a la filosofía hindú que considera igualmente importantes la creación, la preservación y la destrucción como estados de ser experimentados por las personas y por el mundo en general. Esta idea dio un poco de consuelo a mi conciencia, y ciertamente podría ver a Damaya como el arquetipo de la creadora, Syenita como la preservadora y Essun como la destructora, aunque todos los personajes son múltiples.

¿Es eso lo que estás haciendo, Jemisin? Será Essun la madre que va a conservar al menos una de sus hijas y la llevará a través de la violencia a un futuro constructivo, o será tentada a repetir el ciclo de violencia y destruir el mundo en un esfuerzo de darle sentido a la vida ?

Tal vez el planeta y sus habitantes pueden encontrar un mejor equilibrio en el próximo libro. Estoy esperando ansiosamente el lanzamiento de The Obelisk Gate.

 

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